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 | Por Matthew y Becky Livingstone

Las palabras importan: Cómo lo que decimos transforma nuestra vida y nuestro hogar

 

Cada día, los padres intercambian miles de palabras: en el trabajo, en casa, con “PBS Kids” sonando en un cuarto y reels de Instagram reproduciéndose en otro. ¡Es mucho ir y venir de palabras! Sin embargo, ¿con qué frecuencia nos detenemos a considerar tanto las palabras que estamos consumiendo como aquellas que estamos compartiendo entre nosotros? ¿Estamos diciendo lo que realmente importa? ¿Estamos escuchando lo que decimos cuando hay orejitas atentas?


En nuestra casa, con diez personas viviendo bajo un mismo techo —con adolescentes, niños pequeños y todos los que están entre esas edades— las palabras abundan. Hay momentos maravillosos de conexión, así como muchas palabras que quisiéramos retirar. Como padres, estamos justo en medio de todo: a veces provocamos el caos, otras veces levantamos la bandera amarilla y, la mayoría de las veces, tratamos de salir adelante en paz y armonía.

Cuando prestamos atención a lo que decimos, creamos un hogar donde todos se sienten escuchados, valorados y amados. Esto nos ha ayudado a tener una relación más sana —mental, espiritual y relacionalmente— entre nosotros. Sin embargo, aún nos queda mucho por aprender sobre lo que decimos cada día.
 

La trampa del “Te quiero, bye” 
Imagina esto: sales de casa a toda prisa, tarde para el trabajo, para las clases de natación en la YMCA o para llevar a los niños a la catequesis. Sueltas un “¡Te quiero, bye!” al resto de la familia mientras te vas rápido. Es breve y dulce, pero ¿llega? ¿Alguien te escuchó en la tierra de “PBS Kids” o en modo de aislamiento con los AirPods? ¿De verdad lo dijiste con intención o ya está llegando al punto en que esas tres palabras tan grandes y tan pequeñas se han vuelto rutina? 
Todos hemos estado ahí, pero aquí está el punto: las orejitas siguen escuchando más allá de las palabras, incluso cuando no parece. Si puedes bajar el ritmo un momento y ponerle intención, tu amor se va a notar con claridad. El amor puede volver a escucharse. 

“Sí, mamá”. Funciona. 
Imagina esto: dos niños pequeños están a punto de desmoronarse, un hijo mayor insiste en que no le toca lavar los platos y mamá solo quiere un poco de ayuda para dejar la cocina limpia, así que empieza el estancamiento. La paz y el orden dan paso a un “No, no me toca”.
Papá entra con una mirada y un “Sí, mamá” simple pero firme. Una expresión de reconocimiento cruza la cara de nuestro hijo, que ve un frente parental unido y contundente. Luego llega el consentimiento: “Sí, mamá”.
Dos palabras nos movieron de la obstinación a la obediencia. No es mucho, pero funciona, y las palabras que funcionan importan.

“Te valoro” es otra manera de decir “Te quiero” 
Emily Dickinson es famosa por escribir las palabras “Di toda la verdad, pero dila sesgada”. En otras palabras, necesitamos ser creativos e inesperados en nuestra comunicación. 
Algo que está funcionando últimamente es decir “Te valoro”. No “Valoro lo que hiciste”, sino “Te valoro”. Cuando el enfoque pasa de elogiar acciones a afirmar el ser de la persona, la positividad aumenta.

El corazón del asunto
San Juan de la Cruz escribe: “El Padre habló una Palabra que fue su Hijo y esta Palabra la habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída por el alma”. 
Si somos sinceros, reconoceremos que todos fallamos con nuestras palabras a veces. No es necesariamente porque la boca vaya a mil. Es porque el corazón a veces se acerca al vacío.
Si como padres podemos hacer un poco de espacio para escuchar esa única Palabra con sinceridad e intención, todo lo demás vendrá por sí solo. Cada corazón en nuestro hogar está atento a que esa Palabra se manifieste en cada palabra, acción y vida a su alrededor. Hagamos que todas importen. Donde esté el corazón, las palabras lo seguirán. 
 


Esta columna se publicó en la edición de mayo/junio de 2025 de On Mission, la revista de la Diócesis de Green Bay. Reproducida con permiso.


Matthew y Becky Livingstone viven con sus ocho hijos en el condado de Kewaunee, Wisconsin. Matthew es el coordinador senior de producción de medios para la Diócesis de Green Bay.

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