La Hermana Lucero Espitia profesa votos perpetuos como Discípula de Jesús

La Hermana Lucero Espitia profesa votos perpetuos como Discípula de Jesús

La Hermana Lucero Espitia de las Discípulas de Jesús ha soportado muchas pruebas en su vida –un exigente programa de balonmano, una cirugía de espina y dolor crónico, y la pena del rechazo de una orden que adoraba. Pero a través de todo, Dios la ha llevado a la vocación que ama. El 15 de agosto, en St. Albert the Great Parish en Austin, la Hermana Lucero Espitia profesó sus votos perpetuos como una Discípula de Jesús.

“Ser una Discípula es un regalo,” dijo.

Como una adolescente en México, Lucero Espitia pasó muchas horas cada semana jugando balonmano. 

Las tardes, entrada la noche e incluso días de vacaciones los pasó en un prestigioso complejo deportivo con un gran gimnasio y campos deportivos. Elevándose a través de los rangos y eventualmente siendo invitada a unirse al equipo mexicano de balonmano (aunque no se unió a él), Espitia tenía todos los indicadores externos del éxito. Pero algo cambió. El balonmano pasó “de ser algo muy importante para mí, me di cuenta que no tenía sentido” dijo. “No trascendía nada. Eso no me llevaría al Cielo”. 

Durante ocupados torneos, ella con frecuencia buscaba tener tiempo a solas para orar. “Dios está en todos lados,” Dijo la Hermana Espitia.

Dios plantó sus semillas aún antes de que ella supiera que iba a ser llamada a la vida religiosa. Su familia asistía a Misa con regularidad –“y no solamente a la Misa, sino a los grupos de renovación carismática en México,” agregó. A los 15 años, asistió a un retiro carismático ofrecido por las Discípulas de Jesús. 

Ellas incluso le dieron un folleto sobre su orden, pero ella no estaba interesada en la vida religiosa en ese momento.

Un año después, en otro retiro carismático, la Hermana Espitia se sintió llamada a seguir una vida religiosa carismática. Contactó a una orden que admiraba, pero no pudo entrar en ese momento, así que esperó.

La Hermana Espitia comenzó a estudiar terapia física, pero se dio cuenta de que no quería seguir esa carrera profesional.

Para aprender más sobre la vida religiosa, la Hermana Espitia envió un correo electrónico a otra orden religiosa carismática, una con la que se había encontrado a los 15 años: las Discípulas de Jesús. “Al día siguiente, respondieron”.

Cuarenta días después, se fue de retiro vocacional con la orden, y en ese retiro, “confirmé …que Dios me estaba llamando a la vida religiosa,” recuerda. La Hermana Espitia dejó en claro sus intenciones, ella estaba ahí para ver cómo era la vida religiosa, pero no para unirse a la orden. Pero el Señor la siguió llamando.

También durante este tiempo, Espitia estaba teniendo mucho dolor de espalda –un efecto secundario, ella cree, del levantamiento de grandes pesos durante su permanencia en el balonmano –y eventualmente necesitó cirugía.

“Pasé por un tiempo de mucho dolor físico, emocional, espiritual…y una severa depresión,” dijo.

Ese otoño, estaba en un retiro en San Luis Potosí con las Discípulas de Jesús. Una mañana lluviosa, fría y gris, se fue a hacer un mandado con la Hermana Margarita Ruiz, que estaba a cargo de las vocaciones ese año. Sentadas en el estacionamiento de una tienda, la Hermana Ruiz volteó hacia la Hermana Espitia y le preguntó, “¿Cómo estás?” “La cirugía fue un error,” contestó ella. “Me operaron mal y tengo dolor”. “Lucero” dijo la Hermana Ruiz, “siempre vas a tener dolor. ¿Qué quieres hacer con ese dolor? ¿Con dolor quieres estar dentro del Convento? ¿o con dolor quieres estar fuera del convento?”

Este fue un momento de epifanía para la Hermana Espitia. “En ese momento comprendí que mi situación siempre tendría dolor, pero que tendría un sentido diferente si el dolor lo vivía dentro del convento a que si lo viviera fuera de él,” explicó. “Por eso entendí que Dios me estaba llamando”.

La Hermana Espitia entró en la orden de las Discípulas de Jesús. Fue enviada a Texas, donde las Discípulas han sido invitadas a compartir su carisma en Sacred Heart Parish en Austin. Ella vive actualmente en un convento con otras dos hermanas Discípulas de Jesús y pasa sus días en oración, en servicio de sus hermanas, en Misa diaria y enseñando clases de educación religiosa en la parroquia.

La Hermana Espitia todavía tiene dolor de espalda “casi todos los días”. 

“Nuestra principal espiritualidad como Discípulas de Jesús es ser mujeres de la cruz,” dijo. “Y la cruz no es siempre dolor. Pero la cruz es la aceptación de las cosas que Dios propone para la propia vida…Dios me ha invitado a la aceptación del dolor”.

Sentada en su oficina en la noche del 3 de agosto, la Hermana Espitia levantó una cruz de metal colgante de una cadena alrededor de su cuello. “Todos los días cuando me pongo esta cruz, antes de ponérmela, le doy un beso,” dijo “por que digo ‘Señor, lo único que me has ofrecido es la cruz’. Este es el primer signo que nos entregan cuando somos parte de la comunidad”. Besó la cruz y sonrió.

Durante la festividad de la Asunción de María, las Hermanas Lucero Espitia y Guadalupe Guillen, quien llegó más recientemente a la Diócesis de Austin, profesaron sus votos perpetuos. Usaron velos y hábitos blancos marcados con una cruz. El Obispo José Vásquez celebró la Misa y más de 30 hermanas y casi una docena de sus hermanos religiosos (Discípulos de Jesús) de México, así como sus padres y muchos parroquianos de Sacred Heart asistieron a la celebración.

El día de sus votos, “estaba nerviosa y muy emocionada, pero sí tuve un poco de dolor,” dijo. ¿Qué cambió después de la profesión? “Todo,” dijo la Hermana Espitia. 

En un correo electrónico agregó, “Me postré consciente de mi nada y me levanté Esposa de Cristo para siempre”.

Sister Lucero Espitia Professes Perpetual Vows as a Discípula De Jesús

Kiki Hayden ha escrito para publicaciones Católicas desde el 2019. Sus escritos sobre vocaciones, dignidad humana y empoderamiento han aparecido en publicaciones tales como el blog Blessed Is She y Young Catholic Woman. Ella se unió por matrimonio a una familia Católica Bizantina y se convirtió al rito Bizantino; es parroquiana de St. Basil the Great Parish en Irving.